A 48 horas del final de la campaña las expectativas de PP y PSOE, en el aire
Ni el Partido Popular tiene amarrada la mayoría absoluta que obtuvo hace cuatro años ni el partido socialista tiene asegurado no despeñarse por debajo de su línea roja de los 30 diputados a los que quedó reducido su grupo parlamentario en 2022 en Andalucía.
Así están las cosas a día de hoy, cuando quedan menos de cuarenta y ocho horas de campaña y solo tres días para que abran los colegios electorales. Casi como al principio. Todos los partidos están echando el resto, acumulando actos aquí y allá, improvisando sobre el terreno donde creen que sus eventuales indecisos necesitan un empujón.
Ayer el presidente Juanma Moreno y candidato a la tercera reelección y cantante en horas libres –ayer finalmente se confirmó que él es quien canta en la sintonía oficial de su campaña– llamaba a sus militantes de Cádiz a reencontrarse con “la novia con la que has roto para convencerla... de que vote al Partido Popular”. Risas por lo bajini.
Así están las cosas. Las encuestas, que ya no se pueden publicar, pero que se siguen haciendo para orientar a las direcciones de campaña ofrecen horquillas descomunales que no son en absoluto concluyentes.
El PP, por ejemplo, da por hecho que ganará en todas las provincias, pero el problema es si la ventaja en las ocho demarcaciones será suficientemente holgada para alcanzar la mayoría absoluta. Ser prisionero de las expectativas –la mayoría absoluta– es un engorro.
El presidente del Gobierno volvió a Andalucía, a Pulianas, un pueblo de la provincia de Granada de algo más de 4.000 habitantes donde del PSOE obtuvo el 66% de los votos en las últimas municipales, para acompañar a la candidata María Jesús Montero. Mañana viernes volverá, esta vez a Sevilla. Sánchez ha sido el gran agente movilizador de los actos de Montero al igual que Zapatero, que hoy compartirá tribuna con la candidata en Cádiz.
Sánchez, en su intervención en Pulianas respondió en cierto sentido al mensaje que un día antes había lanzado Juanma Moreno cuando aseguró que una derrota grave del PSOE en Andalucía podría obligarle a tirar la toalla y convocar elecciones.
El hoy presidente del Gobierno pidió el voto para el PSOE para “cuidar” a esa rara avis que es un gobierno de coalición progresista en Europa.
Lo socialistas siguen persiguiendo el voto diferencial, aquel que les vota en las generales y en las autonómicas, se queda en casa.
Por su parte el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo seguirá también en campaña, pero lo hará al margen de Moreno. Hoy estará en Jaen, en Andujar, y el viernes cerrará su campaña en Almería, un territorio donde Vox cree que puede arrebatar algún voto más con su discurso antiinmigración, después de que Moreno se declarara ayer partidario de una regularización de inmigrantes aunque, advirtió, no la que está haciendo el Gobierno.
Las expectativas del partido de Abascal tampoco son buenas y ha decidido echar el resto con actos tan controvertidos como una suerte de manifestación ante el consulado de Marruecos en Algeciras contra la “islamización” de España. Un día de estos Marruecos se va a enfadar y el problema no lo tendrá Abascal. Lo tendrá el Gobierno.
En el flanco izquierdo, ayer Maíllo, contó con la compañía en la tribuna de un ministro, Pablo Bustinduy. Las dos izquierdas a la izquierda del PSOE siguen en su particular competición. Adelante Andalucía, los cupaires del sur tienen un candidato pegadizo. Puede que el domingo les vaya bien.
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