El Gobierno se acuerda de Santa Bárbara cuando truena

La liga de los campeones nacionales de la Defensa está en recomposición. Para formar parte de tan exclusivo club no basta con desearlo, tampoco con pregonarlo. Además de acreditar una acreditada, valga la redundancia, capacidad industrial resulta imprescindible lucir unas credenciales inmaculadas con el socio ... americano, que por algo es desde hace décadas el principal promotor e impulsor mundial de tan estratégico sector.
El Gobierno español se lanzó de cabeza hace tres años a una piscina que intuía llena a rebosar de fondos europeos y, de la mano de Indra, cooperante técnico necesario, proclamó la creación de un gigante llamado a tutearse con otros colosos internacionales más acostumbrados a hacer que a decir.
Este cuento habría tenido un final mucho más feliz si el Gobierno hubiera evitado meter sus manos hasta los calcañales de la compañía estratégica, nombrando presidentes políticos y supeditando la agenda estratégica corporativa a la acción internacional del propio Gobierno, hasta el punto de no poder identificar dónde empezaba la iniciativa privada y dónde acababa la intencionalidad del sanchismo.
La suma de ejecutivos amigos sin experiencia alguna en el minado terreno de la Defensa, fichados una y otra vez como pago de facturas de Salvador Illa y el PSC, con el entusiasmo por enfrentarse a la Administración Trump, abrieron una vía de agua letal entre un campeón nacional que solo era tal por incomparecencia de contrarios y titanes de arraigo como General Dynamics y su filial española, Santa Bárbara.
Atenazado por los repetidos incumplimientos de entregas de material de defensa y las presiones de la ministra titular del ramo, Margarita Robles, el Gobierno forzó otro de sus conocidos cambios de criterio y pasó a querer ser el mejor amigo de los norteamericanos, hasta el punto de precipitarse en dejar caer esta misma semana planes para crear una empresa conjunta entre Indra y Santa Bárbara. El problema es que cada movimiento trompetero monclovita se ve contestado de inmediato por Trump, que no duda en lanzar el aviso de que el Gobierno de Sánchez no hace bien las cosas. Todo con la certificación de Mark Rutte y la OTAN. Veremos en qué acaba este flirteo, aunque mientras tanto en Moncloa por si acaso deslizan que ITP Aero siempre está en su foco, ¡hasta la propia fontanera Leire la tuvo en sus oraciones!
El fracaso del caza europeo se acaba de ver rematado con lo sucedido en Alemania con su Indra local, Rheinmetall, un aviso a navegantes de que aquí campeones va a haber los justitos y de que cuidado con tragarse los mensajes de agitación y propaganda sobre captación de fondos de Europa porque luego viene el tío Merz -el canciller alemán- con las rebajas.
El Ejecutivo germano acaba de anular un contrato adjudicado a Rheinmetall para construir fragatas valorado en 13.000 millones. La decisión le costó a la compañía la friolera de 8.000 millones de su capitalización bursátil, tras una caída del 15% en Bolsa. Un golpe mucho más cuantioso de lo que habría logrado en beneficios de completarse el contrato.
El Gobierno alemán adoptó esta drástica medida tras contrastar las dudas sobre la capacidad industrial de la empresa en el sector naval. Rheinmetall está especializado en tanques y munición y quería hacer frente al contrato ya cancelado adquiriendo otras empresas de defensa marítima. No coló. ¿Les suena? Alemania ha dejado claro que sus anunciados 780.000 millones de euros de gasto en Defensa no son un caramelito para el primer avispado que pretenda zampárselos con promesas sanchistas.
Lo sucedido con las fragatas F126 deja la sangre helada en Moncloa y en sus aplaudidores, que de una vez por todas comprueban cómo lo de crear campeones nacionales no es poner al frente de la gestión a los campeones de cada país en el arte del peloteo. ¡Qué va! Fíjense, el Bundestag, el parlamento alemán, debe autorizar cada compromiso de compra que supere los 25 millones de euros de dinero público. Como el día y la noche cuando se compara con España, donde se gobierna a golpe de decreto y no hay Presupuestos Generales del Estado desde la anterior legislatura.
Uno de cada cuatro españoles se quedará sin comunicaciones si hay un nuevo apagón energético. Y el Gobierno saca pecho. Tela.
Hablando de propaganda y de echarle cara dura a la vida. El Gobierno y sus campeones de las telecomunicaciones están estos días sacando pecho por una norma que va a obligar a las operadoras a mantener la señal durante cuatro horas en caso de un nuevo apagón energético, para el 75% de la población. El texto inicial llegaba al 85%. Todo un detalle saber a ciencia cierta que al menos uno de cada cuatro españoles se quedará sin señal telefónica en caso de un nuevo 'blackout'.
Otro día hablaremos de por qué se apagaron las torres de telecomunicaciones en el pasado apagón. ¿Nadie las mantenía operativas? ¿No había técnicos cualificados? ¿La inversión necesaria fue derivada a ahorro de costes? Así vamos, como barcas contra la corriente y acordándonos de Santa Bárbara ahora que truena.
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