Valencia Basket culmina su gesta en Euroliga y arrasa a Panathinaikos en un durísimo partido
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Quién iba a decir que, tras perder dos partidos en el Roig Arena, el Valencia sería capaz de remontar venciendo los tres siguientes, dos de ellos en el mismísimo OAKA ateniense.
Pues lo hubiera asegurado cualquiera que tenga la confianza que este equipo ha demostrado y merecido durante todo el año. Y ahora es un buen momento para recordar que Valencia Basket no especuló con el resultado en la jornada final de la fase regular, que le emparejaba con el poderoso equipo griego, en el año que la Final Four se disputa en su ciudad.
Y del mismo modo, no se vino abajo cuando perdía esos dos primeros duelos en su propio hogar, por tanteos de lo más ajustados. Tampoco cuando enfrentaba el impresionante ambiente del OAKA, que exhibe una de las aficiones más sólidas y espectaculares del continente. No solamente eso, es que parece que disfrutaron compitiendo en el “infierno verde”.
Así es que trajeron la eliminatoria de regreso a la capital levantina, donde el Roig Arena se transmutó en un “infierno naranja”. Y sobre el parquet, el enfrentamiento entre ambos contendientes era también un infierno, uno de esos partidos de dureza extrema, con los umbrales de permisividad arbitral tan elevados, que los constantes contactos casi causaban dolor hasta al mismo espectador.
Le vino bien a Ergin Ataman que se permitiera esa intensidad, porque basó su táctica en desactivar a Jean Montero, que es probablemente el jugador más resolutivo de los taronja. Y lo iba consiguiendo, pero claro, si hay un equipo coral, ese es Valencia, cuyos jugadores tienen más que asimilado el concepto de juego que ha implantado Pedro Martínez.
Brilló Valencia porque maniató a los exteriores verdes, especialmente a Nunn, con una defensa extenuante y con Neal Sako convertido en un titán bajo el aro, con Brancou Badio dando salida al ataque valenciano. Y no le tembló a Valencia la mano con el lanzamiento exterior, a pesar de un inicio paupérrimo en el acierto desde el triple, que ni siquiera fue para tirar cohetes al final (9/31 t3). Hasta ocho jugadores taronja lo intentaban sin complejo alguno, e incluso fue Montero el que menos se prodigó, con solamente dos lanzamientos. Esto habla del juego ofensivo de Valencia, cuyas transiciones velocísimas descolocaron por completo a Panathinaikos.
Del susto al éxtasisAún así, el tercer cuarto devolvió dosis más normales de acierto en los tiros de los griegos, con Osman y sobre todo, Hayes-Davis haciendo daño en la fase ofensiva. Después de tener el partido controlado, parecía que el suspense regresaba a la pista del Roig Arena, con el marcador apretado en guarismos bajos, correspondencia exacta de las defensas, dominantes sobre los ataques.
Era cuestión de tiempo que Valencia Basket consiguiera embocar algunos tiros seguidos, para que la diferencia volviera a ensancharse. Y, cuando a la entrada del cuarto final, la cosa empezó a pasar de los diez puntos, llegó la fase culminante del partido, donde ya sí, se pudo empezar a atisbar el sendero que conducía a la Final Four.
Incrementaba su defensa y su velocidad Valencia, en la misma medida que PAO deambulaba y con tiros mal seleccionados, coleccionaba errores y presagiaba su derrota.
Los decibelios de la afición, enfundada en quince mil camisetas con la inscripción “Largo será el camino”, una suerte de lema motivador del club, crecían para convertir la noche de este miércoles en una de esas fechas que pasan a la historia de Valencia Basket, que hará las maletas para disputar su primera Final Four.
No podía faltar un comentario sobre el trío que anoche no vestía de naranja, sino de gris. Por supuesto, no dejó contento a Ataman, quejoso por la gran diferencia de tiros libres para unos y otros (29 Valencia, 8 PAO). Y es que en cada cuarto se sucedía la misma secuencia: los griegos se cargaban rápidamente de personales, Valencia acudía a la línea con frecuencia, sin conceder el bonus hasta el final de cada período. Claro que, con la intensidad de juego que se contempló anoche en el parquet del Roig, no se señale una sola falta en siete minutos, no es tampoco muy normal. Lo cierto es que Valencia disfrutó de un arbitraje bastante amable, como suele suceder (aunque no siempre) a los equipos locales.
Sin embargo, el usualmente gesticulador Ataman desapareció un tanto este miércoles, cuando obtuvo una técnica por lanzar al suelo, en medio de su desesperación, una botella de agua con la mala suerte de que terminó rodando por la pista y derramando su contenido. La falta técnica era obvia, como esperable era la disculpa posterior del entrenador turco, cuyo gesto se tornó sombrío el resto del encuentro. Aplaudió al final, saludó a los rivales, a los que felicitó después en la rueda de prensa y anticipó una victoria taronja en la competición, si se aplicasen esos mismos criterios arbitrales.
La cita tendrá lugar el 22 de mayo, a las 20 h en el OAKA ateniense. Los dos equipos españoles clasificados, Valencia Basket y Real Madrid, dirimirán cuál de los dos compite como finalista, para conseguir el ansiado trofeo continental. Será un duelo apasionante donde España ganará en todo caso.
Las perspectivas son dispares para ambos clubes, a pesar de los buenos resultados que los dos han cosechado. Si el Real Madrid resolvió con suficiencia su tanda ante Hapoel Tel Aviv, ha perdido a sus dos torres, Walter Tavares y Alex Len, para el resto de la temporada, incluida la final de la ACB, en la que no se descarta que pueda regresar el ucraniano, pero donde el Madrid podría fichar. En esas circunstancias, solo queda Usman Garuba como cinco claro, y tendrá que ser apoyado en esas tareas por Trey Lyles, porque no parece que el joven Izan Almansa, sumido en rumores de abandonar el equipo a pesar de su largo contrato, contará para esa lid con la confianza de Sergio Scariolo.
Por parte valencianista, como lo que no te mata te hace más fuerte, la dificultad extrema de la eliminatoria contra Panathinaikos tendrá seguramente un valioso retorno en forma de combustible emocional y, ante las circunstancias de las lesiones de los pívots blancos, puede dar una ventaja a priori a los valencianos. Estos tampoco destacan por la potencia en su juego interior, donde Sako tiene evidentes dificultades en la anotación, mientras que Costello y Reuvers muestran una mayor tendencia al juego exterior en fase ofensiva, aunque con notable capacidad reboteadora en el aro propio.
El Confidencial

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