El maná de la Champions

La UEFA tiene la riqueza por castigo, si entendemos por tal las dudas acerca de cómo gastarla o invertirla, la necesidad o la obligación de incrementarla, el temor a rebajarla o perderla, la tentación de despilfarrarla. La riqueza crea enemigos, suscita envidias y genera odios. Pero, claro, la pobreza es peor. En el más negativo de los casos, la riqueza puede conducir al insomnio. La pobreza, al suicidio.
Ceferin, pues, no se va a suicidar. Al menos por esa razón. La UEFA nada en oro y, pródiga, lo derrama desde el cuerno de la abundancia sobre los clubes del rebaño. Esta temporada aumentará en un 21% la suma destinada a los 36 equipos de Champions. Habrá 2.470 millones de euros a repartir entre la alta grey pelotera, la de siempre y la nueva, por un montón de conceptos: por participación, por resultados, por avanzar rondas, por value pillard...
Todo este maná contribuye a apaciguar las aguas bravas de los descontentos por naturaleza o por convicción. A disuadir a los más díscolos, ambiciosos o insolidarios de que abandonen de una vez y para siempre la malhadada ocurrencia, si es que algunos la siguen acariciando en secreto, de la Superliga. A reducir a la inacción a los revoltosos de turno o de clase, a los nuevos oportunistas o los viejos patricios. La UEFA persuade, halaga, compra, soborna y, en definitiva, amansa a las fieras con la cantarina, embriagadora música de los caudales contantes y sonantes.
Un torpedo directo a la línea de flotación de Florentino, al que priva de argumentos económicamente victimistas. Dejando aparte al Barça, un comparsa enfangado en otras historias y agobiado por otras preocupaciones, el Madrid se queda solo en su lucha contra el establishment. Los demás equipos están mucho más anestesiados que arrepentidos. Si alguna vez sus espíritus volvieran a abrigar veleidades independentistas, las olvidarían.
El río de dinero, como el mitológico Leteo, hace perder la memoria a quienes beben de sus aguas.
elmundo