La peste negra ya era letal y aniquilaba a familias enteras hace 5.500 años

Un equipo de investigadores de las universidades de Copenhague, Oxford y Cambridge ha encontrado el brote más antiguo de peste negra en los cuerpos de grupos de cazadores recolectores enterrados hace unos 5.500 años en los alrededores del lago Baikal en Siberia. El ADN ... antiguo, recolectado de los dientes de 18 individuos, confirma que Yersinia pestis, la bacteria que asoló Europa durante la Edad Media, no solo estaba presente en la prehistoria sino que ya era letal, acabando con la vida de familias enteras y cebándose especialmente con los niños y jóvenes. La enfermedad se transmitía de persona a persona, mientras los parientes se cuidaban mutuamente o se desplazaban de un lugar a otro. Los hallazgos, dados a conocer en la revista 'Nature', cuestionan que hicieran falta la agricultura y poblaciones más grandes, características del Neolítico, para que el patógeno hiciera estragos.
Los cazadores prehistóricos que vivían cerca del lago Baikal enterraron a sus muertos durante generaciones en cementerios junto al río Angará. Uno de estos yacimientos, llamado Ust-Ida, ha interesado especialmente a los investigadores al presentar un perfil de mortalidad muy inusual. «Había un exceso considerable de niños y adolescentes fallecidos», señala Ruairidh Macleod, de la Universidad de Oxford. «Todas esas muertes eran un verdadero misterio. No existían señales de violencia ni evidencias de traumatismos óseos, ni nada que aclarase qué había ocurrido. Además, pruebas obtenidas por datación por radiocarbono indicaban que el episodio de mortalidad masiva se había registrado en un período muy corto de tiempo», relata.
Para resolver el enigma, los investigadores analizaron ADN antiguo de los molares de 46 individuos enterrados en cuatro cementerios de la región: 25 niños con edades comprendidas entre los 4 y los 12 años, siete adolescentes y 14 adultos. Al analizar las muestras, se llevaron una «sorpresa total»: identificaron Y. pestis en 18 de ellos, lo que supone casi el 40% de la población. Este porcentaje es superior al índice de detección registrado en algunas fosas comunes medievales. Además, revelaron al menos dos brotes distintos con unos pocos cientos de años de diferencia: el primero surgió hace unos 5.520 años y el segundo, hace 5.315. No solo son los brotes más antiguos, sino que se produjeron tan solo unos cientos de años después del último ancestro común de todas las cepas de peste conocida.
Muertes infantilesInvestigaciones previas ya habían identificado el patógeno causante de la peste en la Europa prehistórica, hace unos 5.300 años. Sin embargo, las primeras cepas encontradas carecían de algunos de los rasgos genéticos que posteriormente permitieron que la peste bubónica se propagara eficazmente a través de pulgas y roedores. Esto llevó a muchos investigadores a creer que era improbable que las primeras formas de peste hubieran causado brotes importantes. El estudio viene a demostrar lo contrario.
Los análisis genéticos revelaron que las tumbas compartidas suelen corresponder a miembros de la misma familia, lo que concuerda con la transmisión de la enfermedad de persona a persona. Pero también encontraron individuos emparentados enterrados en tumbas separadas, lo que sugiere que murieron en eventos diferentes y no en un solo brote. Las infecciones más agudas parecían haber ocurrido en niños de entre 8 y 11 años.
Las tumbas compartidas suelen corresponder a miembros de la misma familia, lo que concuerda con la transmisión de la enfermedad de persona a persona
La alta mortalidad infantil se explica por el hallazgo del superantígeno YPM, un gen que normalmente se encuentra en la especie hermana de la peste Yersinia pseudotuberculosis, pero no en las cepas históricas. Los superantígenos pueden desencadenar respuestas inmunitarias extremas y se asocian con complicaciones inflamatorias muy severas, lo que probablemente aumenta la gravedad de la infección.
Este gen es «capaz de provocar en los niños una respuesta del sistema inmunitario muy intensa, causando diversas complicaciones inflamatorias como fiebre reumática, fiebre escarlata o lo que en Japón llaman síndrome de Kawasaki», señala Astrid Iversen, de Oxford y Copenhague. La investigadora cree que los pequeños del lago Baikal, además de estar infectados por la peste, desarrollaron estas graves complicaciones inmunológicas que empeoraron aún más la enfermedad, aumentando el riesgo de muerte.
La bacteria se cebaba con los niños por un gen relacionado con la fiebre reumática, la fiebre escarlata o el síndrome de Kawasaki
Los investigadores no creen probable que la enfermedad se transmitiera a través de las pulgas de los roedores, como ocurrió posteriormente en la peste bubónica, ya que no hay rastro del gen YMT que permite a la bacteria sobrevivir en las pulgas. Este gen no aparecería hasta aproximadamente mil años después.
«Este hallazgo cambia nuestra comprensión de los primeros brotes de peste: incluso antes de que la bacteria desarrollara una transmisión eficiente a través de las pulgas, estas cepas antiguas parecen haber portado una potente combinación de factores de virulencia que podían hacer que la infección fuera altamente letal», afirma Martin Sikora, de la Universidad de Copenhague. En conjunto, los hallazgos sugieren que los primeros brotes de peste conocidos podrían haber sido tan mortales como las formas históricas posteriores de la enfermedad, especialmente para los niños, incluso sin la transmisión por pulgas.
Reservorio de marmotasEl estudio también sitúa el origen del brote en Asia Central y sur de Siberia, siendo las marmotas su reservorio natural, es decir, la principal fuente desde la cual la infección se 'desborda' hacia estos cazadores-recolectores prehistóricos. Estas comunidades «probablemente cazaban estos roedores tanto por su carne como por su piel. En el siglo XIX, eran la especie más cazada por los pueblos indígenas de la región, y creemos que la situación habría sido muy similar hace 5.500 años. También hay evidencia arqueológica de la estrecha asociación entre humanos y marmotas alrededor del lago Baikal en enterramientos algo más antiguos, donde los dientes de marmota a menudo forman parte de los ajuares funerarios humanos», señala Frederik Seersholm, profesor en el Instituto Globe (Universidad de Copenhague). Hoy en día las marmotas aún producen brotes de peste en esta región del mundo. De hecho, todavía hoy es bastante frecuente escuchar noticias sobre caballos en Mongolia que entran en contacto accidental con estos roedores o personas que comen carne de marmota poco cocinada, y que luego se infectan y mueren de peste.
Seersholm cree que el pequeño tamaño y el aislamiento relativo de los grupos humanos de la época explican por qué la peste no causó pandemias a gran escala hasta mucho más tarde en la Historia. Los investigadores creen que este estudio sobre la peste no solo es importante para comprender el pasado, sino también para entender el presente, ya que todavía hoy hay personas que se infectan y mueren de peste en América y Asia.
ABC.es


