¿Cuándo deja de ser normal un simple moretón? Signos asociados a problemas de coagulación
Un moretón persistente tras un golpe leve, hemorragias nasales que se repiten sin motivo aparente, o un sangrado inusualmente prolongado tras ir al dentista: aunque a menudo se consideran incidentes aislados, la repetición de estos patrones cotidianos puede ser la manifestación oculta de un trastorno de la coagulación como la hemofilia, una enfermedad hereditaria que afecta a unas 3.000 personas en España.
Según advierte la doctora Maricel Subirà, jefa de Hematología del Hospital Universitari Sagrat Cor de Barcelona, la clave del diagnóstico no reside en la velocidad del sangrado, sino en la incapacidad del organismo para frenarlo de manera proporcionada; una señal de alerta que, de detectarse a tiempo mediante pruebas específicas, permite anticiparse a complicaciones graves, así como evitar daños irreversibles en las articulaciones.
“No todos los hematomas o sangrados tienen el mismo significado, pero hay patrones que justifican una valoración específica. Entre ellos están la aparición frecuente de moretones sin una causa clara, o tras golpes leves, las hemorragias nasales repetidas, los sangrados que tardan más de lo habitual en frenarse, el sangrado excesivo tras extracciones dentales o intervenciones, y la existencia de antecedentes familiares compatibles”, asegura esta experta.
De hecho, sostiene que cuando un hematoma aparece con frecuencia, o un sangrado tarda más de lo normal en detenerse, merece la pena valorarlo: “A veces son esos detalles los que nos orientan hacia un problema de coagulación”.
Un trastorno de coagulación como la hemofilia
Entre ellos, la hemofilia es una de las enfermedades más conocidas, aunque no la única, y puede pasar desapercibida durante años; sobre todo en sus formas más leves. En España viven en torno a 3.000 personas con hemofilia, y la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) sitúa su incidencia en aproximadamente 1 de cada 5.000 varones nacidos vivos en la hemofilia A, y en 1 de cada 30.000 en la hemofilia B.
“En la hemofilia hay, además, una manifestación especialmente característica: el sangrado dentro de una articulación, conocido como hemartrosis, que suele afectar sobre todo a tobillos, rodillas, y codos”, agrega Subirà. De hecho, pone en valor que la SEHH recuerda que hasta un 80% de los sangrados en pacientes con hemofilia se producen a nivel articular y muscular, y que su repetición puede acabar ocasionando daño articular y limitación funcional.

“Las hemorragias articulares tienen un valor especial porque no solo orientan el diagnóstico, sino que, si se repiten, pueden acabar condicionando la función de la articulación”, apunta esta hematóloga del Hospital Sagrat Cor.
Cómo funciona la coagulación
En este contexto, esta doctora recuerda que la coagulación es el mecanismo que permite al organismo frenar una hemorragia cuando se produce una lesión: “Para conseguirlo intervienen distintos factores de coagulación, que actúan de forma coordinada para formar el coágulo, y detener el sangrado. Cuando uno de esos factores falta o no funciona correctamente, ese proceso pierde eficacia”.
Esto es lo que ocurre en la hemofilia, según prosigue, indicando que en el caso de la hemofilia A, el déficit afecta al factor VIII; mientras que en el caso de la hemofilia B, al factor IX. “Ambas son enfermedades hereditarias ligadas al cromosoma X, por lo que afectan sobre todo a varones, aunque no siempre existen antecedentes conocidos en la familia”, precisa.
A juicio de la doctora Subirà, este matiz es importante, ya que no se trata de sangrar más deprisa, sino de que el sangrado tarde más en controlarse o de que reaparezca en situaciones donde no sería lo esperable: “En las formas graves, las manifestaciones suelen aparecer pronto. En las formas leves o moderadas, en cambio, el diagnóstico puede retrasarse y hacerse evidente tras una cirugía, un procedimiento dental o un traumatismo que evoluciona peor de lo previsto”.
Es por ello por lo que esta experta resalta que una de las claves no es solo cuánto sangra una persona, sino si ese sangrado resulta proporcionado para la causa que lo desencadena. “Muchas veces se piensa que un trastorno de la coagulación significa sangrar más, cuando en realidad el problema suele estar en la dificultad para frenar bien una hemorragia o en que determinados sangrados reaparezcan cuando no serían esperables”, señala.
Si se identifica la causa
Con todo ello, la jefa del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitari Sagrat Cor explica que, si existe sospecha de un problema de coagulación, el primer paso es revisar bien siempre qué tipo de sangrados han aparecido, con qué frecuencia, cuánto duran, y si hay antecedentes familiares. “Esa información es importante porque muchas veces la pista no está en un episodio aislado, sino en el patrón que se repite con el tiempo”, precisa.
A partir de ahí, mantiene que el estudio se completa con una analítica, y con pruebas de coagulación orientadas según cada caso: “Si hay indicios pueden solicitarse determinaciones más específicas para confirmar si existe una alteración concreta, como la hemofilia”.
Llegar al diagnóstico, tal y como defiende, permite entender por qué se producen esos sangrados, así como actuar con más seguridad en situaciones como una extracción dental, una cirugía, o ante cualquier procedimiento invasivo.
“También ayuda a prevenir complicaciones, y a dejar de convivir con episodios que, hasta ese momento, podían parecer aislados o difíciles de explicar. Confirmar el diagnóstico permite dar sentido a síntomas que muchas veces llevan tiempo repitiéndose sin una explicación clara. Y, a partir de ahí, anticiparse en momentos en los que controlar bien el sangrado es especialmente importante”, concluye la doctora Subirà.
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