La muestra 'Sospechosas' de Giselle Beiguelman explora el vínculo entre plantas, ciencia e IA

Hay artistas que trabajan con la memoria y otros que investigan el futuro. La brasileña Giselle Beiguelman toma otro camino: utiliza las herramientas del presente para demostrar que el pasado nunca termina de irse. En Sospechosas, la exposición que puede visitarse en el Espacio Cultural del Palacio Pereda, dependiente de la Embajada de Brasil en Buenos Aires, convierte la botánica en un territorio político y la inteligencia artificial en un dispositivo que en la lectura se vuelve crítico. Lo que parece una muestra sobre plantas reales, artificiales y representadas termina siendo una profunda reflexión sobre el colonialismo, la ciencia, el patriarcado y los mecanismos contemporáneos de producción de imágenes y conocimiento. La curaduría está a cargo de Nara Cristina Santos y Fernando Codevilla.
Giselle Beiguelman. Foto de Luis Benedito/Grupo Photo/Itaú Cultural.Sospechosas parte de una pregunta inquietante: ¿por qué determinadas plantas fueron perseguidas, prohibidas o demonizadas a lo largo de la historia? La respuesta conduce inevitablemente hacia los procesos coloniales. Muchas especies utilizadas con fines rituales, medicinales, afrodisíacos o alucinógenos fueron catalogadas como peligrosas por los poderes imperiales europeos, del mismo modo que los saberes indígenas, afroamericanos y populares fueron deslegitimados por la ciencia oficial. En ese desplazamiento simbólico, Beiguelman encuentra un paralelismo clave con las mujeres cuyos aportes científicos y artísticos también fueron silenciados o relegados durante siglos. Ellas también está retratadas en esta muestra de arte digital.
Ya en los primeros pasos dados en el histórico Palacio, unos sonidos intrigantes acompañan la muestra. Esa música tenue, al igual que las obras exhibidas, fueron hechos por una IA. La experimentada Beiguelman es conocedora de la incontable oferta botánica de su país y ese saber expresado en imágenes impregnó su taller y creatividad. Fue así que concibió obras que mezclan especies vegetales y después de procesarlas infinitas veces en diálogo con su asistente virtual imprimió las versiones definitivas.
Científicas-artistas que vivieron más de 60 años –solteras, viudas o separadas– en la muestra 'Sospechosas' de Giselle Beiguelman.La exposición funciona como una gran instalación en las cuatro salas del Palacio donde conviven plantas vivas, ejemplares artificiales y especies imaginarias con imágenes impresas, videos, proyecciones y obras producidas mediante inteligencia artificial. Todo el recorrido propone una experiencia en la que el visitante transita permanentemente entre lo natural y lo artificial, entre el archivo histórico y la simulación algorítmica. No hay un relato lineal sino una sucesión de ambientes donde arte, ciencia y tecnología dialogan para cuestionar las formas en que construimos la verdad y la memoria.
“Una de las primeras cosas que pensamos fue cómo lograr que el público se aproximase a cada una de las obras y de las salas en cuatro momentos diferentes. Está la serie Hongajos. Esta serie que reúne, como el propio nombre dice, hongos y ajos. Interesa mucho en esta pesquisa la visualidad y la hibridación de hongos y ajos. Esta propuesta en esta sala con esta iluminación un poco más suave es una invitación para que la gente entre una atmósfera de exposición. Pensamos también, por ejemplo, en la curaduría, en los colores para crear una especie de ambiente como si fuera de un gran laboratorio”, sostiene la curadora Nara Cristina Santos, presente en la sala. Los hongos y el ajo habitan un territorio simbólico compartido de la naturaleza que cura y transforma, pero que también desafía el control. A lo largo de los siglos, han estado rodeadas de un aura ambigua, oscilando entre lo sagrado y lo sospechoso, el remedio y el veneno, la protección y la amenaza, dice el texto curatorial de la muestra de Beiguelman.
Obra de Giselle Beiguelman.La artista, que vino a Buenos Aires a la inauguración, vierte en su trabajo un concepto de acción de autoría incorporada o autoría encarnada. Esta concepción surge del biólogo chileno Francisco Varela quien propone que cuando uno se encuentre con la naturaleza, se involucre con ella, es decir con su entorno. La curadora agrega que “La artista trabaja desde su intencionalidad, con una autoría incorporada, encarnada por esta inteligencia artificial”.
"Sospechosas", exhibición de Giselle Beiguelman. Espacio Cultural del Palacio Pereda.Sospechosas constituye una versión ampliada de la muestra Venenosas, Nocivas e Suspeitas, presentada anteriormente en San Pablo y Porto Alegre, pero incorpora un importante capítulo argentino. Para esta edición, la artista desarrolló sus obras en colaboración con instituciones científicas locales, entre ellas el Museo Argentino de Ciencias Naturales, el Instituto de Botánica Darwiniano, el Jardín Botánico Carlos Thays, el Instituto Botánico Ragonese y especialistas de la Universidad de Buenos Aires. De este modo se produce un encuentro entre investigación científica, experimentación artística y reflexión histórica.
Una de las salas presenta un homenaje a la botánica local y también a la latinoamericana. Un video hecho por la artista también con una IA acompañado por una narración proveniente de otra IA. La artista reunió especies de la botánica local latinoamericana y de cómo las mujeres trabajan con muchas de esas especies, sea para ritos o para curas. En otra, una serie de retratos resalta la importancia de un grupo de mujeres. El conjunto reúne, en su mayoría, a científicas-artistas que vivieron más de 60 años –solteras, viudas o separadas– y que, a menudo, murieron solas, sin reconocimiento y en condiciones precarias. También forman parte de la serie mujeres denunciadas ante la Inquisición y estigmatizadas como brujas, las primeras médicas de la historia.
Sospechosas, exhibición de Giselle Beiguelman. Espacio Cultural del Palacio Pereda.La idea que ronda la muestra es que la inteligencia artificial aparece como una continuidad de antiguas formas de clasificación colonial. Así como los naturalistas europeos organizaron especies, territorios y pueblos según jerarquías impuestas por el imperio, los algoritmos actuales clasifican imágenes, rostros, cuerpos y conocimientos a partir de modelos estadísticos que muchas veces perpetúan discriminaciones de género, raza o procedencia cultural. La artista convierte ese funcionamiento invisible en uno de los materiales centrales de su obra.
Esta mirada no surge de una aproximación ocasional a la tecnología. Desde hace más de tres décadas, Giselle Beiguelman ocupa un lugar central en el arte digital latinoamericano. Artista, investigadora y profesora de la Universidad de San Pablo (USP), ha dedicado gran parte de su carrera al estudio de la memoria digital, los archivos nacidos en internet, el activismo en red y las políticas de la imagen contemporánea. Coordina importantes proyectos de investigación financiados por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP) y es autora de libros de referencia como Políticas de la imagen: vigilancia y resistencia en la datosfera y Memoria de la amnesia: políticas del olvido, donde analiza las transformaciones que experimenta la memoria colectiva en la era digital.
Sospechosas, exhibición de Giselle Beiguelman. Espacio Cultural del Palacio Pereda.Su producción forma parte de colecciones internacionales como las del ZKM Center for Art and Media, el Jewish Museum Berlin, la Pinacoteca de São Paulo y el Museu de Arte Contemporânea da Universidade de São Paulo, consolidando una trayectoria que cruza arte contemporáneo, investigación académica y pensamiento crítico. En los últimos años, Beiguelman ha orientado buena parte de sus investigaciones hacia la relación entre inteligencia artificial, imaginarios coloniales y construcción del conocimiento. Sus proyectos demuestran que la tecnología nunca es neutral: detrás de cada algoritmo existen decisiones políticas, económicas y culturales que determinan qué imágenes circulan, qué memorias permanecen visibles y cuáles desaparecen.
Un jardín planificado emerge en otra de las salas transformando la atmósfera y volviéndola parte de un invernadero inesperado. Allí florecen y crecen todo tipo de plantas, desde una ruda hasta unas bellas orquídeas. Pero cuidado, se mezclaron deliberadamente plantas naturales y artificiales. Alguna que se esté apreciando, puede ser falsa. En la sala, unos videos verticales muestran crecimiento y fantasías de especies en pleno desarrollo.
Ajos y hongos. "Sospechosas", exhibición de Giselle Beiguelman. Espacio Cultural del Palacio Pereda.Sospechosas sintetiza esas preocupaciones en una exposición de gran densidad conceptual y notable potencia visual. Pero, sobre todo, invita a reconsiderar algo que parecía evidente: las plantas nunca fueron solamente plantas. También fueron objetos de deseo, instrumentos de dominación, fuentes de conocimiento, mercancías imperiales y vehículos de memorias ancestrales. Al hacerlas dialogar con la inteligencia artificial, Giselle Beiguelman demuestra que las disputas por el conocimiento continúan abiertas. Cambian las tecnologías, cambian los lenguajes, pero persiste la pregunta fundamental: quién tiene el poder de nombrar el mundo y quiénes quedan, una vez más, bajo sospecha.
Clarin



