Hermann Bellinghausen: Urgentes menciones de actualidad

Urgentes menciones de actualidad
Hermann Bellinghausen
Casa de poeta
A
la vuelta del canto no quedaba nada. Ni metro ni rima ni sentido. Despilfarradas las últimas palabras, las pobres ya ni idioma parecían, obedientes y mansas a las instrucciones de funcionarios y máquinas de pensar y contar (dinero) asesorándolos. De oficina en oficina, los colores pasaban de gris a negro, quedando a la postre en blanco y para fines prácticos en silencio.
Cuánto se habrá perdido que las máquinas nos cobran mil litros de agua por cada palabra. Callar a las palabras es la meta del capataz del rancho. Desoírlas y apagarlas, privilegio del amo. Prostituirlas, engañarlas, usarlas sin respeto, vaciarlas de sentido, corromperlas hasta quedar en pura labia y quienes cantaban atraquen en Babia, cuando ya todo sirva de nada.
Notoriedad
Lo malo de la notoriedad es que se nota.
Deriva
La deriva inspirada enrumba más a la razón que los planes y las agendas, pero hay una tendencia generalizada a ignorarlo. Eso explica por qué el mundo se repite siempre como la tragedia de una caricatura.
Destrucción de Gaza
Una manada de cíclopes blancos se metió de lleno en el corazón de un pueblo distinto y con la torpeza de los falsos iluminados lo agusanó y mantuvo a raya en el miedo, lo humilló, le rompió la cara infinidad de veces, le violó el alma, le arrebató casas y pertenencias, y al final le quitó la vida llegada la hora de matar a diestra y siniestra a los niños porque son futuro, a los ancianos porque son memoria, y a los demás, jóvenes y adultos, porque son testigos. Pronto ya no existirán las ruinas.
Además de tuertos, los cíclopes no son perfectos. Su intolerancia digestiva por limitación genética, imaginaria o real (una de sus varias taras), al aceite y los frutos del olivar propio de estas tierras como lo son sus asesinados (1948-2026), llevó a los cíclopes a completar su mala maña cometiendo cuanto olivicidio fue posible. Lo llaman reordenamiento del paisaje y sembrarán aguacates para la Unión Europea.
Boreales
Todas las respiraciones que han vivido en la Tierra, dicen los samis (o lapones, los indígenas europeos del norte), viajan en las auroras boreales con los nombres de los muertos.
Árbol prendido entre nubes (ante el derribo de tantos)
La raíz tensa y desboca, hunde las uñas en la suave boca del suelo roturado que a fuerza de morderla y apretarla la deja crecer, hundirse subterránea y libre entre rocas, pedruscos y la rozadura de otras raíces alzándose de árbol en árbol tan cerca de las nubes que las hojas más altas lagrimean seguras del aire y el sol que las comparten.
De raíz a copa qué distancia. Todo un planeta que va de médula y corteza, savia y resina. Casa de las especies hongo, las especies ave, las especies líquen insecto artrópodo bromelia lombriz anfibias ranas y multitud de parásitos luminosos y agradables, todos vecinos de todos acunándose y comiéndose y poniendo huevos, pólenes y larvas adonde llegarán sin menoscabo monos, loros y culebras.
Se nace en rizoma y se vive en lo que elabora el fino tejido de retículas como dendritas que sostienen y alimentan un milagro.
Un árbol prendido entre nubes. En su tronco y sus mil ramas se canta chirría escurre muerde chupa o picotea en la congregación de almas especies y fantasmas que un día florean y otro caen de maduras. Lo que no poliniza se siembra, pudre o brota. Vive de nido, colonia y enjambre el follaje abrazado al caos, firme como espada, ágil en las hojas que respiran lo que a la Tierra le hable el inacabable verde.
Ojos para desenterrar
Persevera la marcha íntima entre minas explosivas
y corazones destrozados
Ella sabe lo que nadie Ella duele lo que todas
Hurga del suelo la piedra Rasca la tierra como fiera
Busca huesos como perra
Quiere abrazar los pedazos que le faltan en cada parte de su ser
no siendo
No distrae un segundo bajo teleféricos incesantes en las sucias cuevas
en los pozos clausurados
Ella es la luz que encierra la inclinación de su sueño un cocuyo en guardia
una flor sin miedo.
jornada



