Córdoba reunió a delegados de cinco países africanos para sembrar manglares y compartir experiencias de conservación
La protección de los manglares del Caribe colombiano fue el eje de un intercambio de conocimientos que reunió esta semana a 14 delegados de cinco países africanos con comunidades de Córdoba, durante el Curso de Capacitación en Carbono Azul, desarrollado en los municipios de San Antero y San Bernardo del Viento.
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La iniciativa, organizada por la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC Colombia), en alianza con Conservación Internacional, el programa Vida Manglar, Fundación Omacha e Invemar, convocó a representantes de Ghana, Senegal, Guinea, Liberia y Sierra Leona en un espacio de aprendizaje basado en la experiencia de las comunidades que han trabajado durante años en la conservación de estos ecosistemas.
Como parte de la agenda, los participantes realizaron una jornada de siembra de manglares y compartieron experiencias sobre restauración, gobernanza, monitoreo comunitario y medios de vida sostenibles. El intercambio se desarrolló bajo la metodología 'Entre raíces y mareas: Diálogos sobre manglares Colombia-África', que promueve el aprendizaje práctico mediante demostraciones en campo, recorridos e intercambio de saberes entre las delegaciones.
Los invitados de África sembraron manglares en una zona de restauración en San Antero, Córdoba. Foto:Ricardo Ahumada / Conservación Internacional.
María Claudia Díazgranados, directora sénior del Programa de Carbono Azul de Conservación Internacional a nivel global, destacó el valor de este tipo de encuentros para fortalecer la cooperación entre países.
"Este tipo de experiencias son muy enriquecedoras. Más allá de los entrenamientos que uno pueda hacer virtuales, de leer los documentos y de trabajar independientemente en un proyecto, cuando uno va al campo y ve con los propios ojos las experiencias que otros han construido, genera ideas nuevas, esa nueva mentalidad para replicar cosas o llevarse experiencias para sus países. Yo creo que ese es un valor fundamental de esta cooperación Sur-Sur", afirmó.
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El intercambio se desarrolló bajo una metodología basada en tres momentos: 'Lo que traigo', 'Lo que comparto' y 'Lo que nos llevamos'. A través de estaciones de aprendizaje, laboratorios de trabajo y ejercicios de reflexión conjunta, las delegaciones compartieron experiencias sobre restauración de manglares, monitoreo comunitario, gobernanza y medios de vida sostenibles, además de intercambiar prácticas y elementos simbólicos de sus territorios.
Mamgle rojo, nombrado científicamente Rhizophora mangle. Foto:Ricardo Ahumada / Conservación Internacional.
Las comunidades locales también compartieron las acciones que adelantan para proteger el ecosistema. Óscar Contreras Sobrina, integrante de Asmausan, explicó que "estamos pendientes de los manglares; cuando se están secando por el salitral, le avisamos a la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS)".
A su vez, José Guerera, representante legal de Asomapestin, organización dedicada al aprovechamiento sostenible de la madera del manglar, resumió la filosofía de ese trabajo comunitario: "Si usted le saca a su empresa y no le mete, pues se acaba". Y añadió: "Queremos tener algo sostenible".
Participantes del curso de Carbono Azul junto a la comunidad de manglares de San Antero. Foto:Ricardo Ahumada / Conservación Internacional.
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El encuentro también permitió mostrar la experiencia del programa Vida Manglar, considerado el primer programa de carbono azul certificado por Verra en el Caribe. Según la información entregada durante el curso, la iniciativa busca evitar la emisión de 939.296 toneladas de CO₂ durante sus años de operación mediante la protección de 7.561 hectáreas de bosque de manglar en la Bahía de Cispatá, La Balsa, Tinajones y sectores aledaños al delta del río Sinú
Según la información del curso, el intercambio buscó fortalecer la Cooperación Sur-Sur mediante la transferencia de conocimientos y la construcción de alianzas para proteger ecosistemas costeros estratégicos como los manglares, demostrando que la acción climática y el bienestar de las comunidades pueden avanzar de manera conjunta.
Ángela María Páez Rodríguez
Redacción Impreso
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