La Fed tiene nuevo jefe: quién es y a qué se enfrenta Kevin Warsh

Como se esperaba, Warsh se encontró con la oposición ... casi frontal de la oposición demócrata -solo un senador, el díscolo John Fetterman, le apoyó-, por una razón central: es el elegido de Donald Trump. Muchos demócratas le calificaron de «títere» del presidente de EE.UU., pese a sus promesas de actuar con independencia.
Warsh, a sus 56 años, es un economista respetado, con credenciales innegables. No es una de esas elecciones altamente cuestionables del presidente de EE.UU. para su Gabinete.
Pero Warsh tiene que lidiar ahora con el contexto en el que se ha producido su llegada a la Fed: la guerra de Trump contra el hasta ahora presidente del regulador, Jerome Powell, por su negativa a secundar sus exigencias de bajadas de tipos agresivas; y la presión del presidente de EE.UU. para que su elegido ahora sí cumpla. Mientras deshojaba la margarita sobre el próximo líder de la Fed, a finales del año pasado, dejó claro que solo elegiría a alguien que apoyara esa visión: tipos muy bajos, del 1% o menos, para animar la economía de EE.UU. Pero Warsh llega al cargo justo cuando tomar ese camino no parece aconsejable.
Un crítico de la Fed para el «cambio de régimen»Warsh toma la cúpula de la Fed después de haber sido uno de sus grandes críticos. Ha sido muy combativo en los debates de política monetaria, defendiendo la necesidad de un cambio de rumbo en el banco central. Tanto en las formas -como en la comunicación de las muy anticipadas reuniones de política monetaria, donde se deciden los tipos-, como en el fondo: ha denunciado, algo que es música para los oídos de Trump, que el papel de la Fed está sobredimensionado.
No siempre fue un crítico del banco central. De hecho, ya ha formado parte de él. Lo hizo entre 2006 y 2011, un periodo que incluye una de las grandes convulsiones económicas de la historia de EE.UU., la crisis financiera de 2008-2009.
Warsh ingresó en la Fed como un joven prodigio. En 2006, a sus 35 años, se convirtió en el gobernador de menos edada de la historia de la institución. Le colocó en el puesto el entonces presidente de EE.UU., George W. Bush, cuyo final de mandato coincidió con la destructiva crisis desatada por las hipotecas 'subprime', que llevó al colapso a buena parte del sistema financiero.
El ahora presidente llegó a la institución tras una carrera meteórica en Wall Street. Criado en Albany, la capital del estado de Nueva York, pasó por la elite universitaria de EE.UU. -graduado en Stanford, licentiatura en derecho en Harvard- antes de recaer en la gran banca. En pocos años, ascendió en la jerarquia de Morgan Stanley, donde llegó a ser director ejecutivo de banca de inversión en la división de fusiones y adquisicones. Bush lo fichó para ser su asesor en 2002 y le nominó para el Consejo de Gobernadores de la Fed.
Gracias a los contactos labrados en Wall Street, Warsh fue decisivo en la elaboración de los planes de rescate de varios de los grandes bancos de EE.UU. en la crisis financiera. Fue una intervención pública amplia en el sector privado, con la que después fue crítico. Para cuando dejó el banco central, ya consideraba que el papel mantenido por la Fed en el sostenimiento del sector financiero era demasiado grande.
Desde entonces, ha sido un 'Pepito Grillo' de la Fed, tanto en su labor académica, en la Hoover Institution de Stanford, como en sus apariciones habituales en los medios.
Estuvo a punto de llegar a la presidencia de la Fed en 2017, cuando Trump necesitaba encontrar un recambio para Janet Yellen en su primer mandato. Warsh le parecía demasiado bisoño al multimillonario neoyorquino y se decantó por Powell, una decisión de la que no ha dejado de arrepentirse.
Warsh fue el gobernador más joven de la Fed y ahora será su presidente más rico. Además del dinero que ha hecho en el sector privado, en la firma de inversión del multimillonario Stanley Druckenmiller, ha hecho fortuna a través del casamiento: su mujer es Jane Lauder, una de las herederas del imperio de Estée Lauder. El suegro de Warsh es Ronald Lauder, un multimillonario muy cercano a Trump: fueron compañeros de clase y Lauder donó con generosidad a su campaña. También fue él quien le metió en la cabeza la idea de que EE.UU. compre Groenlandia.
Desembarco lleno de desafíosWarsh vio su nominación en riesgo por la campaña de Trump contra Powell. La fiscalía emprendió una investigación criminal contra el hasta ahora presidente de la Fed por supuestos sobrecostes en la renovación de la sede de la institución, algo que apestaba a persecución política, a represalias por no cumplir con sus exigencias de tipos.
Un senador republicano, Thom Tillis, se comprometió a no permitir la confirmación de Warsh hasta que acabara esa investigación contra Powell. La fiscalía paró el asunto y posibilitó la llegada del nuevo presidente.
Warsh se enfrenta ahora a un periodo económico complejo. El mismo día de su confirmación en la Cámara Alta, se conoció el dato de inflación del mes de abril, 3,8%, la mayor alza de precios desde finales de 2023.
Es una consecuencia directa de la guerra de Irán, emprendida por Trump, donde el cierre del decisivo Estrecho de Ormuz ha supuesto una sacudida a la economía global que EE.UU. no ha esquivado. La incertidumbre sobre el futuro de la guerra, con las negociaciones con Teherán para un acuerdo estancadas, solo complica más cualquier posibilidad de emprender bajadas de tipos en las próximas reuniones.
Durante su proceso de confirmación, Warsh dijo que ambicionaba un «cambio de régimen» en la Fed. De momento, lo que se va a encontrar es una Fed más dividida que nunca. Después de muchos años tomando decisiones sobre tipos con unanimidad, las disensiones entre sus miembros se ha convertido en la tónica. En la úlitma reunión de política monetario, hubo cuatro disensiones, el número más alto desde 1994. Hay una batalla evidente entre los partidiarios de no bajar tipos de prisa para controlar la inflación y quienes dicen, como Trump, que el alza de precios no es significativa y que la fortaleza de la economía impone bajadas agresivas.
Pero Warsh tendrá que hacer además frente a un elemento poco común: Powell decidió no irse de la Fed, se quedará como gobernador. Tiene esa potestad, en un mandato que no acaba hasta enero de 2028. Lo normal es que los presidente de la Fed abandonen también su condición de gobernadores cuando dejan la presidencia. Pero Powell no se fía de que la Administración Trump vuelva a por él con otra investigación y prefiere blindarse.
Powell ha dicho que tendrá un perfil bajo. Pero eso no elimina su capacidad de voto y puede ser otro obstáculo para el volantazo que Warsh desea imprimir a la Fed. Su impronta se empezará a sentir en la próxima reunión de política monetaria, el 16 y 17 de junio.
ABC.es
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