Tecnología en el epicentro | Análisis del Editor Multimedia
Estar pegados a las pantallas siempre ha sido una crítica. Pasar de video en video por horas es un verdadero atentado contra la vida personal, laboral y la salud mental, hay que decirlo.
No obstante, en esa pequeña pantalla también hay espacio para funcionalidades útiles que podrían salvar nuestra vida ante una tragedia.
Y eso pasó en el reciente terremoto doble de Venezuela: sorprende la cantidad de anécdotas que personas que contaron cómo la alerta de terremoto que les llegó a sus teléfonos Android, 15 o 10 segundos antes de la tragedia, les permitió reaccionar, salir, protegerse y salvar sus vidas y las de su familia.
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Este sistema de alertas de Google se ha vuelto un protagonista milagroso ante estas catástrofes, gracias a la combinación entre algoritmos y sensores integrados que convierte a millones de dispositivos móviles en una red global de sismógrafos colaborativos, gracias a sus acelerómetros internos.
Cuando la tierra empieza a moverse de forma imperceptible para los humanos, el sistema ya lo sabe y procesa la información, otorgando segundos vitales que diferencian el pánico de una evacuación segura y rápida.
Rescate de mascotas en Venezuela Foto:AFP
Sin embargo, esta protección tecnológica incluida en los celulares requiere de nuestra complicidad pedagógica. De nada sirve contar con la ingeniería más robusta si mantenemos las herramientas apagadas o los permisos de ubicación restringidos.
Si usted tiene un teléfono Android, revise los ajustes de ‘Seguridad y emergencia’ para asegurar que las notificaciones críticas rompan el modo silencio en caso de un terremoto.
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Una vez que el movimiento pasa, el rol de la tecnología se transforma por completo y nos exige una enorme madurez digital. El impulso natural de llamar por teléfono a nuestros seres queridos puede colapsar las redes de voz, impidiendo que los servicios de rescate coordinen la atención de emergencias reales. Por eso, los mensajes de texto corto (SMS) deben ser los que usemos luego de una tragedia de tal magnitud.
Foto:iStock
El entorno digital posterior a un desastre también alberga un peligro invisible: la desinformación masiva. Las cadenas de pánico, los videos antiguos recirculados como nuevos y las predicciones pseudocientíficas de nuevos terremotos u otras tragedias anexas se propagan por las redes sociales más rápido que una réplica geológica.
En este punto, la pedagogía nos exige ser filtros y no megáfonos y consumir información exclusivamente de fuentes oficiales, para evitar compartir datos alarmistas que no hayan sido verificados.
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Al final, la tecnología no tiene el poder de detener un terremoto, pero sí la capacidad de mitigar la vulnerabilidad humana.
JOSÉ CARLOS GARCÍA R.
Editor Multimedia
@JoseCarlosTecno
eltiempo


