El destino europeo donde cruzás de Italia a Eslovenia a pie y tiene la galería digital más grande del continente

“Ese edificio azul que se ve allá está en Eslovenia”, es lo que nos dice una de las trabajadoras de la municipalidad de Gorizia, en la región del Friuli-Venezia-Giulia, en el norte de Italia, mientras observamos el paisaje y el hospital que efectivamente se encuentra en Nova Gorica, en tierras eslovenas.
Con esa frase se podría resumir en pocas palabras la historia del territorio. Años de división, de pasaje entre países y pueblos que hoy goza de una unión que se va fortaleciendo, haciendo honor al legendario refrán.
Es que la historia de esta ciudad la coloca en el centro de disputas milenarias. De poblaciones que la habitaron y la habitan bajo una división que hoy parece haber quedado atrás. Y donde el transporte público y parte de la señalética urbana no solo se escribe en italiano, sino en esloveno e inglés.
La marca que muestra el límite entre ambos países. Foto Turismo GoriziaGorizia se entiende mejor si se entra por una puerta. La Porta Leopoldina, que antes fue de madera y ahora es de mármol, no es solo uno de los accesos al Borgo Castello, sino también una especie de umbral simbólico hacia una ciudad que siempre vivió en el borde. Desde afuera parece una entrada más, pero en realidad funciona como una síntesis de su historia: una ciudad que nunca fue completamente centro de nada, pero sí un punto constante de paso.
Mucho antes de las fronteras modernas, ya en época romana, este territorio formaba parte de las rutas que conectaban el Adriático con el interior europeo, una circulación de personas, mercancías e influencias que fue moldeando su carácter.
El Castello di Gorizia, del siglo XI, ubicado en una colina. Foto Turismo GoriziaEra también vía de peregrinaje para quienes se dirigen a Roma, Jerusalén o Santiago de Compostela
Esa condición de cruce se profundizó en la Edad Media y se volvió más evidente con el paso de los siglos. Gorizia creció entre influencias diversas, con capas que se superponen sin borrarse del todo: lo romano como base de conectividad territorial, lo medieval como consolidación del asentamiento, y más tarde la impronta austrohúngara y veneciana que terminaron de darle forma a su identidad arquitectónica y cultural.
No es una ciudad que se explique por una sola tradición, sino por la convivencia -a veces armónica, a veces tensa- de varias.
Fue durante el siglo XX que esa condición histórica de frontera se transformó en una división política concreta. La línea que separa Italia de lo que entonces era Yugoslavia no crea la frontera, sino que la endurece hasta volverla física, visible y cotidiana. Lo que durante siglos había sido tránsito y mezcla se transforma en corte, en muro, en separación.
Puente sobre el río Isonzo. Foto Turismo GoriziaNo es casualidad que en la ciudad se encuentre el Museo de la Gran Guerra. Es que los dos conflictos bélicos mundiales terminaron de redefinir lo que Gorizia había sido durante siglos. La Primera Guerra Mundial golpeó especialmente esta región del frente del río Isonzo, una de las más sangrientas del conflicto en el frente alpino.
Entre 1915 y 1917, los combates transformaron el paisaje en un escenario de trincheras, destrucción y desplazamientos masivos. La ciudad, que hasta entonces había convivido con su condición de frontera flexible dentro del Imperio austrohúngaro, quedó expuesta a una violencia que no solo la atravesó, sino que también la reconfiguró.
La Segunda Guerra Mundial profundizó esa fractura, pero con una dimensión distinta: ya no se trataba solo de destrucción militar, sino de una disputa territorial y política que iba a definir el mapa de Europa por décadas.
Piazza della Transalpina, dividida por la frontera internacional. Foto Turismo GoriziaCon el final del conflicto, Gorizia quedó dividida entre Italia y la nueva Yugoslavia. Lo que había sido un mismo tejido urbano pasó a ser una línea de separación internacional, atravesando barrios, calles y vínculos cotidianos que durante siglos habían funcionado sin interrupciones.
Esa división no fue abstracta. Se materializó en controles, muros, barreras y una frontera rígida que cortó la ciudad en dos. Familias quedaron separadas y la vida cotidiana se reorganizó en función de un límite que antes no existía de esa manera. Gorizia dejó de ser un espacio continuo para convertirse en dos realidades paralelas, mirándose de frente pero sin poder tocarse.
La Guerra Fría consolidó aún más esa separación, convirtiendo a Gorizia en un punto sensible del mapa político europeo. Recién con la apertura de fronteras y la integración de Eslovenia a la Unión Europea, la ciudad empezó a desdibujar ese corte histórico.
La Piazza Transalpina es en la actualidad el punto de encuentro entre Gorizia y Nova Gorica, símbolo de una Europa sin fronteras y de la dimensión transfronteriza de la región. De un lado se encuentra Italia, del otro una estación de trenes de Eslovenia. Encuentro que se concretó en 2025 dándole el título a ambas ciudades de Capital Europea de la Cultura.
El alcalde Rodolfo Ziberna sostiene que fue una manera de materializar el esfuerzo por el florecimiento turístico de Gorizia. Con una simpatía que brota de sus poros, confiesa que además la ciudad recibe personas de todo el mundo, continuando el legado de su historia.
A través del proyecto GO! 2025 se realizaron diversas inversiones en estructuras culturales. Se modernizó, junto con el mencionado museo de la gran guerra, el Museo della Moda e delle Arti Applicate, en una ciudad que se distinguía por el estudio de la seda y que hoy cuenta la historia desde el siglo XVIII al XX con colecciones de vestidos únicos desde.
Los bordados de las monjas ursulinas en el museo. Foto Turismo GoriziaTambién lo hacen las máquinas que se utilizaban para zurcir. Y las sorprendentes piezas de las monjas ursulinas, famosas por “pintar con la aguja”, por la calidad y los colores de los hábitos religiosos que realizaban. Y sus bordados hacen que el museo sea una parada obligatoria para quienes visitan la ciudad.
Finalmente otra de las obras que selló un año extraordinario fue la DAG - Digital Art Gallery, un túnel colorido de 300 metros con lenguajes digitales avanzados en el tejido urbano de la ciudad. Allí donde durante décadas la historia marcó divisiones y fronteras, ahora la luz, el sonido y los datos construyen otra forma de atravesar el espacio.
Muchos colores en la Digital Art Gallery. Foto Turismo GoriziaLa DAG se presenta como la galería de arte digital más grande de Europa, con recorridos inmersivos e instalaciones interdisciplinarias que transforman la experiencia del visitante.
Leída en conjunto con su pasado, la DAG funciona casi como una metáfora de Gorizia. Una ciudad que alguna vez fue línea de separación, luego frontera rígida y hoy espacio de cruce, se proyecta ahora como un lugar donde las fronteras ya no son geográficas sino perceptivas.
Allí donde antes hubo división, hoy hay imágenes en movimiento que no separan, sino que conectan.
- En avión. El aeropuerto de Trieste, en la ciudad de Ronchi dei Legionari, está a 20 minutos de la ciudad. Tiene vuelos desde varias ciudades de Italia y Europa.
- En tren. El Frecciarossa, de alta velocidad, desde Napoli, con paradas en Roma, Florencia y Venecia. Desde la estación de Venecia Mestre se puede tomar el tren regional que en dos horas llega hasta la estación de Gorizia.
- En auto. Se disfrutan los paisajes verdes y montañosos.
Clarin




