El cómic catalán ya tiene colección
El cómic catalán ya tiene una colección oficial. No tiene un gran museo físico, como el que la Generalitat proyectó en 2009 en Badalona y por la crisis nunca se materializó. Pero sí comienza a tener muchas obras que podrían haber estado en él, aunque por ahora no hay ningún plan de rescatar el proyecto y las piezas se depositan en centros como el Museu Nacional d’Art de Catalunya, el Macba, el Museu Morera de Lleida y muchos otros por toda Catalunya en una suerte de museo expandido. Desde 2019 la Generalitat ha estado comprando fondos de cómic e ilustración en una línea específica dentro de su Col·lecció Nacional, y en este momento ha realizado ya un centenar de operaciones y adquirido por unos 850.000 euros 1.704 obras que van de clásicos al underground de los setenta y las últimas generaciones.

Un cambio que en parte responde a la alarma desatada en 2019 por la marcha masiva de originales del cómic underground, los que crearon Mariscal, Nazario, Miguel Farriol, Montesol, Pepichek y Roger e Isa, a tierras más húmedas. A Santander. Nazario, el creador en 1978 de la detective transexual Anarcoma, publicaba en La Vanguardia un artículo titulado Cómo se marchó mi archivo. En él explicaba cómo, tras intentar que las diferentes administraciones compraran su archivo, apareció en su puerta un poderoso coleccionista, José María Lafuente, para adquirirlo junto a numerosos dibujos de cómics como el Rrollo Enmascarado . El Archivo Lafuente –luego adquirido por el Ministerio de Cultura para el Museo Reina Sofía para su nueva sede en Santander– realizó ofertas que se llevaron incluso originales de Los Garriris de Mariscal, uno de cuyos personajes, el perro Julián, evolucionaría para ser el Cobi olímpico.


Pero ese mismo junio de 2019, en una muestra de que las cosas comenzaban a cambiar, llegaba al Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) una exposición sobre la revista contracultural El Víbora . Con los contactos realizados para la muestra ya se adquirieron, cuenta Àlex Mitrani, conservador de arte moderno y contemporáneo del museo, obras como un original de Max aparecido en un número de la revistadedicado al golpe de Estado de Tejero.

Y poco después la Generalitat crearía una Comisión del Cómic y la Ilustración para elaborar un relato unificado y realizar las adquisiciones de forma sistematizada. El balance de compras del año 2020 ya incluía siete páginas de Los Garriris de Mariscal publicadas en El Víbora en 1982 –por 28.000 euros–, 14 originales de Anarcoma –por 33.750– y otras de Montesol, Cifré, Mariel Soria o Martí Riera. La lista no ha parado de crecer, desde Núria Pompeia y sus Maternasis a la Esther de Purita Campos, desde el Makoki de Gallardo al Carpanta y la Petra de Escobar, desde Perich, Micharmut, Marika Vila, Pilarín Bayés, Pere Joan y Ceesepe, a clásicos como Opisso, Coll o Bofarull.

Sònia Blasco, jefa del Servicio de Museos y Protección de Bienes Muebles de la Generalitat, recuerda que en 2019, por la relevancia que ha tenido el cómic en Catalunya, se decide darle un impulso con el doble objetivo de “protegerlo y darlo a conocer, porque cuando compramos siempre lo depositamos en un museo para que forme parte de las colecciones que exponen”. Y recuerda que en la comisión, integrada por expertos del cómic y museos, un grupo de trabajo se dedica a crear relato de la historia del cómic catalán, y está ya en el horno una publicación sobre ella, y otro a las adquisiciones, para las que desde hace dos años además hay una convocatoria abierta para que artistas, familiares y coleccionistas puedan proponer compras. Blasco aclara, eso sí, que el sueño de un museo del cómic no está en la lista de los próximos años: la apuesta es por reforzar los museos actuales, no por construir nuevos. “Pensamos que crear museos de disciplinas concretas quizá no es lo que más toca hoy. Lo que hace falta es tener una buena colección y darle visibilidad a través de los diferentes museos”.

El crítico de arte de La Vanguardia Juan Bufill, uno de los asesores independientes de la comisión de adquisiciones junto a la historiadora Roser Messa –con la que realiza un documental sobre el boom del cómic en los 70 y 80 que dirige Jordi Torrent– recuerda que en la primera lista de prioridades propusieron compras de “los mejores de revistas como El Víbora y Cairo , de la Escuela Bruguera, de Coll”, y destaca la compra de “los siete originales de la mejor historieta de Los Garriris con la primera aparición de Julián, el perro pescador. Son los favoritos de Mariscal”. Subraya que han procurado adquirir “obras con puntos de vista femeninos y feministas (Núria Pompeia, Flavita Banana) y de autores de las últimas generaciones, como Marc Torices, Fum o la propia Flavita”. Y cree que para dar difusión a este museo sin museo estaría bien una exposición al cumplir una década de adquisiciones.

Lo que seguro que tendrá es una presencia multiplicada en la ampliación del MNAC a partir de 2029 en la nueva propuesta para el arte de la segunda mitad del siglo XX, señala Mitrani. “Tendrá un lugar específico por sus cualidades y su importancia en la historia de la cultura en Catalunya, pero integrado en las colecciones y relatos de cada momento. Valoramos su potencial para describir una época, sus imaginarios y modas visuales, pero a la vez es un lenguaje que hace unas aportaciones a la narratividad y la expresión de emociones y conflictos sociales con recursos propios y alto valor artístico”.

Mitrani subraya que con las adquisiciones realizadas “tenemos una colección que comienza a tener cierto cuerpo, aunque aún faltan autoras y autores, muchas veces por la propia precariedad de los dibujantes los originales han desaparecido. Es una colección con una cantidad notable de autores de la posguerra y el underground, pero la producción de cómic e ilustración en Catalunya fue tal, que aún nos faltan muchos”.
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