Alejandro Sanz, un recuerdo que no se agota
No se puede negar que Alejandro Sanz lleva la música en las venas, solo así se entiende que, con 57 años, 29 grammys y millones de discos vendidos, emprenda una vez más el camino de la grabación, del disco y de la gira internacional.
¿Y ahora qué? , el título de su último trabajo, es la pregunta que debe hacerse el madrileño cuando se encuentra sin trabajo, mano sobre mano, antes de lanzarse otra vez al albur de su público, al que este viernes saludó, seductor, con un “ Bona nit Barcelona, us estimo! ” cuando hizo su aparición en el estadio del RCD Espanyol, una cita que tenía tanto de concierto como de reencuentro litúrgico con el pasado de cada cual.
Es lo que tiene haber compuesto Y ¿Si fuera ella? , o la incombustible Corazón partío . La mezcla de canción italiana, flamenco y toques latinos marcó a una generación en España y, de paso, le situó como pionero en la internacionalización de la música en español, papel que luce con orgullo en galas y entrevistas, pero que anoche dejó de lado para ofrecer su faceta más próxima a las 34.000 personas que se entregaron a Sanz de principio a fin, tanto como al arte de mover el abanico –los había a miles– para combatir el bochorno.
Aunque el nuevo disco era la excusa para la visita a Barcelona, el arranque con Desde cuando ya dejó claro que la cosa iría de revisitar lo primero y mejor de la carrera de Sanz, acompañado en esta gira por siete músicos y coro de tres voces provenientes en su mayor parte del otro lado del Atlántico, reflejo de la internacionalización del artista. Bregados en una gira que arrancó el año pasado, ofrecieron solvencia en apoyo del protagonista y su inconfundible timbre, con el que construye temas como A la primera persona , aunque no siempre le llegue la voz.
Para visitar aquel pasado había acudido buena parte del público, mayoritariamente femenino (la proporción de baños para hombres y mujeres en pista, 10 a 1 a favor de ellas, era un buen indicador). Fans que han convertido la música del madrileño en banda sonora de sus recuerdos, un sentimiento que fluyó libremente por el RCDE Stadium en cuanto sonó Por bandera , que “tiene más años que el calor”, como recordó su autor para sacar a continuación una senyera.
O Mi soledad y yo , que Sanz ofreció con sonrisa de galán, encantado también de navegar en la nostalgia mientras colaba piezas de su nuevo disco como Bésame , con el coro reemplazando a Shakira, o El vino de tu boca , con la cadencia romántica y el deje flamenco tan identificable a lo largo de la carrera de Sanz.
“Venezuela, te queremos”. Con esas palabras recordó Alejandro Sanz en el concierto de anoche al país del Caribe que ha sido asolado por dos terremotos cuyas víctimas siguen aumentando hora tras hora. Lo dijo levantando la bandera venezolana que había recogido del público. Sanz ha sido uno de los artistas que más explícitamente han mostrado su parecer sobre la situación de Venezuela en los últimos años, más en concreto su rechazo frontal al gobierno de Nicolás Maduro, depuesto siete meses atrás tras el secuestro exprés en su palacio a manos de tropas estadounidenses. Las críticas expresas de Sanz al chavismo se remontan casi al comienzo del régimen, e incluso se relacionan con la suspensión de un concierto en Caracas en el 2007. Ahora, ha sido de los primeros artistas en expresar su solidaridad ante la catástrofe. “Cuando la tierra tiembla, también lo hace el alma de quienes queremos a ese país. Todo mi cariño y mi fuerza para Venezuela”, ha dicho en redes sociales. Otros artistas han mostrado su apoyo por Venezuela, como los colombianos Maluma, Shakira o Carlos Vives o los puertorriqueños Chayanne y Ricky Martin.
Pero era con temas de los inicios como Quisiera ser cuando estallaba el estadio y los versos sonaban a coro desde todas las esquinas, como en Amiga mía o No es lo mismo , eslabones en una historia de 30 años encadenados anoche con el claro objetivo de seducir una vez más a sus fans, muchas de las cuales no habían nacido cuando Alejandro se hacía llamar Magno. Como en un concierto de reguetón pero a la inversa, anoche eran las hijas quienes acompañaban a sus madres.
Con dos pianos de cola, percusión, guitarra eléctrica muy rockera y vientos, la música adquirió un cariz analógico acorde con la búsqueda de proximidad lograda con el discurso de apoyo a los damnificados por el terremoto de Venezuela como previa de la salsa Hoy no me siento bien o en Mi soledad y yo , mientras las pantallas cazaban rostros emocionados entre el público. Y aunque muchas de las personas que mostraban eran de la quinta del propio Sanz, habían llevado consigo carteles con los que, como adolescentes, esperaban llamar la atención de su ídolo.
Así fue con un puñado de estos textos caseros, satisfacción tardía de un sueño adolescente y celebración de una nostalgia que Alejandro Sanz sigue transformando en música para alegrar los corazones.
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