Ecofactorías, el vecino amable que aporta a la comunidad

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Ecofactorías, el vecino amable que aporta a la comunidad

Ecofactorías, el vecino amable que aporta a la comunidad

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Las ecofactorías, una evolución de las depuradoras convencionales, logran resultados sobresalientes con el agua residual que pocos pueden imaginar. Los desechos orgánicos provenientes de esta agua se transforman en biogás, una energía limpia con la que se autoabastecen. Los lodos y limos que acarrean las aguas residuales se decantan para trasladarlos a explotaciones agrícolas donde se utilizan para fertilizar los suelos. Las arenas, una vez tratadas, sirven para rellenar zanjas en las obras de la ciudad.

Es un modelo de circularidad que Veolia, una empresa especializada en la gestión del agua, la energía y los residuos, con 160 años de historia en España, está implantando progresivamente en sus instalaciones para que las depuradoras dejen de ser vistas como ese vecino ruidoso y antipático y se conviertan en uno amable y abierto a la comunidad.

Veolia cuenta con dos plantas pioneras, la ecofactoría BioSur de Granada y la del Baix Llobregat (Barcelona), dos referentes que promueven la transformación de residuos en subproductos (abono, arenas, limos, biogás...), la autosuficiencia energética o la integración en el paisaje y el entorno. Operan bajo el concepto de agua a la carta, que implica un tratamiento especializado de las aguas residuales en función del uso futuro que se les vaya a dar.

Javier Santos, director de Operaciones de Veolia en España, llama afino, de afinar –como en el mundo del queso–, al proceso por el que se obtiene agua regenerada de un tipo u otro en función de si se va a utilizar para baldear calles, regar jardines o campos de golf, o reinsertarse en la industria. Son los conocidos como usos intermedios; el uso final sería el agua potable o también llamada de boca. “No necesitamos que esta agua de usos intermedios sea potable. De esta manera se reduce el estrés hídrico que sufren algunas regiones de España”, cuenta este ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, de 43 años.

Mediante un proceso de afino se obtiene agua regenerada de diferentes calidades que se adapta a su uso final: baldeo de calles, riego de jardines, infiltración en acuíferos. Las aguas que llegan a la ecofactoría arrastran lodos, que se reutilizan en agricultura para enriquecer las tierras

La materia orgánica que se extrae en el proceso de depuración sirve para generar biogás, una energía verde que emplea la propia ecofactoría y que la convierte en autosuficiente. También se obtiene energía de placas solares. En ocasiones se genera un excedente y se inyecta a la red.

Las instalaciones que generan malos olores se aislan. Se controla la contaminación lumínica: las luminarias se redirigen y se encienden por demanda. De forma física, estas plantas cuentan con muros vegetales y humedales, están más integradas en el paisaje. Las ecofactorías se abren a la ciudad, reciben visitas de colegios y colaboran con la universidad.

El 75-80% del agua en España, asegura Santos, se destina a la agricultura. “Imagina liberar todo ese consumo del agua de boca”, asegura para referirse a que ese volumen podría obtenerse de la regeneración de aguas residuales y no de la captación de agua dulce. Veolia, que abastece a 13,5 millones de habitantes que viven en 1.100 municipios de España, regenera el 15% del agua que llega a sus instalaciones. El 15% de las aguas residuales se afinan para regar o limpiar las calles, o se tratan para extraer los residuos y convertirlos en subproductos. Ese dato es elevado comparado con la media de España (el 10%) y la de Europa (el 3%).

“La ecofactoría es un referente de excelencia. Gestionamos la tercera parte de las depuradoras del país y ya contamos con siete ecofactorías”, cuenta Santos, con 17 años de experiencia en Veolia, una empresa con 18.000 trabajadores en España. Desde hace dos años han creado un sistema de puntuación para evaluar estas infraestructuras con rigor y así asegurarse de que cumplen con todos los requisitos para convertirse en plantas referentes en gestión de agua y residuos. Certifican sus propias plantas con exigencia.

Santos no se relaja a pesar del desempeño de Veolia. “En España estamos vertiendo el 90% del agua depurada a los ríos, los mares o los embalses”, explica este alicantino, que ha dirigido plantas en Madrid y Barcelona. Si más depuradoras se convierten en ecofactorías, mayor cantidad de agua recibirá un mejor tratamiento para que no solo se inyecte libre de contaminantes a la red, sino que también sirva para regar zonas verdes, incluso en ocasiones, apunta Santos, enriquecida con fósforo, potasio o nitrógeno, “un fertilizante más efectivo que los químicos”.

Depuradora

Gestiona aguas contaminadas procedentes de la ciudad y la industria para su correcto vertido al mar, a un río, a un embalse... Emplea procedimientos primarios con los que se criba la materia orgánica y otros residuos, como papeles, envases, peces muertos o colillas arrastradas por la lluvia. También realizan una depuración secundaria para decantar las arenas, los limos y los lodos que acarrean las aguas.

Biofactoría

En las biofactorías existen estaciones regeneradoras, que mediante un proceso de afino les dan un segundo uso a esas aguas: baldear las calles, regar zonas verdes o explotaciones agrícolas, reutilización en la industria. Así se reduce el uso de agua potable y se disminuye el estrés hídrico que sufren algunas regiones. Estas plantas también generan energía a partir de los residuos que acarrean las aguas contaminadas. La materia orgánica se utiliza para la obtención de biogás (en la foto, un gasómetro). Cuentan con placas solares.

Ecofactoría

Alcanzan un mayor nivel de sofisticación en el proceso de afinado de agua, se ofrece un agua a la carta acorde con los usos futuros que se le vaya a dar. Las ecofactorías generan energía propia a partir de los recursos. En ocasiones producen un excedente de energía, que se inyecta a la red. La ecofactoría tiene vocación de abrirse a la ciudad, se integran en el entorno, reciben visitas de colegio, colaboran con universidades. Se aíslan las instalaciones que producen malos olores y se reduce la contaminación sonora y lumínica.

La evolución acorde con los tiempos

El proceso de transformación de una depuradora en una ecofactoría cuenta con una fase intermedia, que comenzó a desarrollarse hace una década. Se llaman biofactorías y ya lograban la autosuficiencia energética con la transformación de los residuos orgánicos en biogás y la instalación de placas solares. También generan agua depurada de alto valor, es decir, las aguas contaminadas se someten a un proceso de microfiltración que retira partículas visibles y desechos, como pelos, para convertirla en agua regenerada apta para el riego. Este tratamiento denominado terciario u otro todavía más avanzado, el cuaternario, que implica la ultrafiltración o nanofiltración, se llevan a cabo en las biofactorías o las ecofactorías.

En una depuradora se efectúan unos tratamientos más básicos llamados primarios o secundarios, que consisten en la eliminación de materia orgánica e inorgánica que acaba en las alcantarillas arrastrada por la lluvia. El agua resultante puede volver a los ríos, al mar o a los embalses sin contaminarlos. “Con las biofactorías se empezaba a hablar de una planta generadora de recursos. Las aguas residuales ya no se ven como algo negativo sino como una fuente de recursos”, afirma Santos.

Otra de las diferencias de las ecofactorías, dice Santos, es que se abren a la ciudad, buscan integrarse como un vecino nuevo con ganas de agradar. “Antiguamente, las depuradoras no eran algo que se quisiese mostrar. Pero no hay nada que esconder, la ciudad tiene que saber todo lo que se hace ahí dentro”, explica el director de Operaciones de Veolia. Organizan visitas de colegios y han impulsado proyectos en colaboración con universidades. Las ecofactorías tienen la voluntad desde su creación de generar excedente de energía limpia para inyectarla a la red, un beneficio para los habitantes de la zona.

Las ecofactorías como las de BioSur de Granada y la del Baix Llobregat en Barcelona están rodeadas de humedales para favorecer la presencia de fauna autóctona, constan de muros vegetales más amables con el entorno y se pensaron para integrarse en el paisaje. Las zonas que producen malos olores están confinadas, y las atmósferas de azufre se extraen para que no proliferen mosquitos. “Si hoy visitas una de estas ecofactorías, te llevas una imagen diferente”, comparte. “El ciudadano tiene una total confianza cuando hace uso del agua en su casa”, afirma Santos. Esa misma confianza es la que aspira a trasladar desde las ecofactorías y desde el resto de las instalaciones que se encuentran en el proceso de lograr la excelencia.

EL PAÍS

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